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Boletin 1: El Legado de Eduardo Frei Montalva

Enviado por Océanos Azules el 29/12/2009 a las 8:00

A casi 28 años de la muerte del Presidente Eduardo Frei Montalva, acaecida en plena dictadura de Pinochet, el reciente procesamiento judicial del juez Madrid ha confirmado su muerte como el primer asesinato de un ex presidente en la historia de Chile. Este hecho, no hace más que actualizar y relevar su enorme legado junto al de otros grandes protagonistas de estos 200 años de historia republicana.

¿Qué podemos aprender de Frei Montalva para proyectar el Chile del Bicentenario? 
Don Eduardo Frei Montalva, fue el gran maestro de toda una generación. El año 2004, poco antes de su fallecimiento, Raúl Troncoso Castillo, ex ministro muy cercano a la familia Frei, en el acto de conmemoración de la muerte del ex presidente señaló: “Ser discípulo significa aprender una doctrina, arte o ciencia con un maestro. Pero discípulo significa también seguir la escuela de un maestro, aún cuando se viva en tiempos posteriores a él”.
Lo esencial de un maestro es que trasciende en quienes le siguen en un enorme legado del espíritu. Esas personas, portan consigo un lugar interior, sólido y profundo, desde el cuál son capaces de enseñar a otros, su visión, su doctrina y su ciencia de abrir huella, de mostrar caminos, de hacer brillar nuevos horizontes, de invitar con fuerza a vivir la entrega total del servicio a los demás, por un puro acto de amor a Chile, a la justicia, a los pobres, a los jóvenes, a los campesinos, a la mujer chilena.  
Esta manera de situarse y participar en la vida pública de Chile, toma ya varias generaciones y es lo que a muchos nos tiene aquí ahora junto a su hijo Eduardo Frei Ruiz-Tagle, actualizando una vocación y un sueño de país hacia el futuro. Podemos decir que nos convoca la alegría que produce la fidelidad a una causa noble, buscando actualizarla en nuevos liderazgos, con personas diversas y en una visión que es a la vez humanista, progresista y cristiana y que está al servicio del pueblo chileno. 
Es muy necesario, es urgente que recuperemos hoy la calidad del espíritu, que surge de nuestras convicciones más profundas y permanentes, para inspirar desde el fondo, la construcción de un nuevo proyecto, humano y técnico, para el Chile que viene y que por cierto no puede pasar por el lado de los valores permanentes, que dieron vida a un proyecto transcendente para Chile.  Esto es la esencia de cualquier tarea política frente a una sociedad en cambio vertiginoso.  Soslayarlo es matar el alma y cuando el alma muere las acciones pierden su rumbo.
Frei Montalva soñó con una revolución en libertad, la que se tradujo en obras de gran trascendencia futura para Chile. Con sueños alcanzó la chilenización del cobre y su posterior nacionalización pactada, la profundización de la reforma agraria, la educación escolar obligatoria de 8 años y el comienzo de la educación pre-escolar. Proponiéndose grandes metas, empujado por ideales, creó el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, convirtiendo las aspiraciones  habitacionales de las y los chilenos, en una política pública permanente. Frei Montalva, tenía una confianza enorme en Chile y sus capacidades. Fue él quien con visión impulsó el programa de promoción popular, que incorporó en la vida pública a los grupos marginados, profundizando el tejido social y ampliando la participación ciudadana, a través de la creación de sindicatos, juntas de vecinos, centros de madres y cooperativas. Y fue quien confiando en la juventud trajo una nueva generación a la política, a través de la Patria Joven. 
Estas son algunas de sus obras y tareas concretas cumplidas con empuje y consecuencia, con disciplina y alegría, pero también, por supuesto, con dolores, dificultades y frustraciones que nos acompañan siempre, a todos los hombres y mujeres, pero que cuando la tarea es más ardua y pesada, los golpes suelen ser también más duros y desalentadores. El también los tuvo, pero cuando vinieron, siempre los enfrentó desde ese mismo lugar interior, que algunos llamamos Dios, pero que todos llevamos dentro, cualesquiera que sea el nombre que le pongamos.
Vivimos una época en que el desarrollo de la técnica y de las ciencias es tan asombroso y veloz, es capaz de suministrarnos tales grados de bienestar y placer, que nos captura de un modo tan absorbente y subyugante, que ya no tenemos espacio ni tiempo para encontrarnos con nuestro ser de hombre o mujer interior, propio de cada uno y de cada una.
Cuando no nos damos ese espacio de reflexión, de estar en contacto con lo más íntimo y auténtico de cada cual, viene la desorientación, el apego a lo superficial, la búsqueda insaciable de lo material, del prestigio y el protagonismo personales, y del poder, que termina sumiéndonos en sociedades sin sueños colectivos, sin horizontes, carentes de sentido, deambulando en medio de los conflictos, la violencia, la corrupción y finalmente la muerte espiritual y material.
Es verdad que en la vida hay que actuar, y ¡cuánto lo hizo Frei Montalva en su tiempo! y ¡cuánto lo han hecho todos quienes asumieron desde la Concertación el gobierno del país todos estos años!. Pero al mismo tiempo, es clave no dejar de soñar. Es en los desafíos de un tiempo nuevo y complejo en el que se forjan las ideas y los afectos que posibilitan la acción eficaz. Como cuando en una familia, hay un dolor, falta el trabajo o se sufre por un hijo, surge también la unidad y el fortalecimiento del amor verdadero. El legado de don Eduardo, su modo cordial y firme de afrontar los problemas de la gente, ha alimentado a muchos por más de 50 años. Ha dado mucho fruto. Sus raíces humanistas y cristianas, progresistas dicen hoy, están allí, intactas. Volvamos a ellas a reconocer la necesidad de nuevos frutos para el tiempo presente. Se requiere valentía y coraje, así como mucha perseverancia. Es el signo del tiempo presente que tenemos que recorrer para volver a dar frutos abundantes para el Chile del Bicentenario del cuál nos corresponde ser protagonistas. 
Esta elección presidencial, junto al senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle y con él sumando a las corrientes progresistas del país, representa una buena ocasión, para renovar el compromiso personal de cada uno y cada una con la política y el servicio público.  Pensando en lo que decía a los jóvenes que convocó a su gobierno, podemos decir con convicción: Renovemos con alegría nuestra confianza, sin desfallecer; estamos hablando de valores y visiones profundas que marcan la identidad del pueblo chileno. No se trata sólo de filosofía, vayan, fórmense, estudien, busquen en comunidad, dominen las nuevas tecnologías, y pongan todo lo que son al servicio del otro. En su barrio, en su familia, con sus amigos, en esta nueva sociedad civil que hoy comienza a emerger. Hay en ciernes un nuevo modelo de hacer política. Ya no desde las cúpulas, sino que desde donde cada uno está y vive su vida cotidiana. Usen las redes de Internet, tejan y tejan los afectos para que podamos sumarnos en grandes acuerdos, en una reconciliación verdadera y proyectar a nuestras nuevas generaciones hacia esa sociedad de hermanos y hermanas que don Eduardo y muchos soñamos.
RAUL TRONCOSO KEYMER
Santiago, 12 de Diciembre de 2009


¿Qué podemos aprender de Frei Montalva para proyectar el Chile del Bicentenario?
Don Eduardo Frei Montalva, fue el gran maestro de toda una generación. El año 2004, poco antes de su fallecimiento, Raúl Troncoso Castillo, ex ministro muy cercano a la familia Frei, en el acto de conmemoración de la muerte del ex presidente señaló: “Ser discípulo significa aprender una doctrina, arte o ciencia con un maestro. Pero discípulo significa también seguir la escuela de un maestro, aún cuando se viva en tiempos posteriores a él”.
Lo esencial de un maestro es que trasciende en quienes le siguen en un enorme legado del espíritu. Esas personas, portan consigo un lugar interior, sólido y profundo, desde el cuál son capaces de enseñar a otros, su visión, su doctrina y su ciencia de abrir huella, de mostrar caminos, de hacer brillar nuevos horizontes, de invitar con fuerza a vivir la entrega total del servicio a los demás, por un puro acto de amor a Chile, a la justicia, a los pobres, a los jóvenes, a los campesinos, a la mujer chilena.  

Esta manera de situarse y participar en la vida pública de Chile, toma ya varias generaciones y es lo que a muchos nos tiene aquí ahora junto a su hijo Eduardo Frei Ruiz-Tagle, actualizando una vocación y un sueño de país hacia el futuro. Podemos decir que nos convoca la alegría que produce la fidelidad a una causa noble, buscando actualizarla en nuevos liderazgos, con personas diversas y en una visión que es a la vez humanista, progresista y cristiana y que está al servicio del pueblo chileno. 

Es muy necesario, es urgente que recuperemos hoy la calidad del espíritu, que surge de nuestras convicciones más profundas y permanentes, para inspirar desde el fondo, la construcción de un nuevo proyecto, humano y técnico, para el Chile que viene y que por cierto no puede pasar por el lado de los valores permanentes, que dieron vida a un proyecto transcendente para Chile.  Esto es la esencia de cualquier tarea política frente a una sociedad en cambio vertiginoso.  Soslayarlo es matar el alma y cuando el alma muere las acciones pierden su rumbo.

Frei Montalva soñó con una revolución en libertad, la que se tradujo en obras de gran trascendencia futura para Chile. Con sueños alcanzó la chilenización del cobre y su posterior nacionalización pactada, la profundización de la reforma agraria, la educación escolar obligatoria de 8 años y el comienzo de la educación pre-escolar. Proponiéndose grandes metas, empujado por ideales, creó el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, convirtiendo las aspiraciones  habitacionales de las y los chilenos, en una política pública permanente. Frei Montalva, tenía una confianza enorme en Chile y sus capacidades. Fue él quien con visión impulsó el programa de promoción popular, que incorporó en la vida pública a los grupos marginados, profundizando el tejido social y ampliando la participación ciudadana, a través de la creación de sindicatos, juntas de vecinos, centros de madres y cooperativas. Y fue quien confiando en la juventud trajo una nueva generación a la política, a través de la Patria Joven. 

Estas son algunas de sus obras y tareas concretas cumplidas con empuje y consecuencia, con disciplina y alegría, pero también, por supuesto, con dolores, dificultades y frustraciones que nos acompañan siempre, a todos los hombres y mujeres, pero que cuando la tarea es más ardua y pesada, los golpes suelen ser también más duros y desalentadores. El también los tuvo, pero cuando vinieron, siempre los enfrentó desde ese mismo lugar interior, que algunos llamamos Dios, pero que todos llevamos dentro, cualesquiera que sea el nombre que le pongamos.

Vivimos una época en que el desarrollo de la técnica y de las ciencias es tan asombroso y veloz, es capaz de suministrarnos tales grados de bienestar y placer, que nos captura de un modo tan absorbente y subyugante, que ya no tenemos espacio ni tiempo para encontrarnos con nuestro ser de hombre o mujer interior, propio de cada uno y de cada una.

Cuando no nos damos ese espacio de reflexión, de estar en contacto con lo más íntimo y auténtico de cada cual, viene la desorientación, el apego a lo superficial, la búsqueda insaciable de lo material, del prestigio y el protagonismo personales, y del poder, que termina sumiéndonos en sociedades sin sueños colectivos, sin horizontes, carentes de sentido, deambulando en medio de los conflictos, la violencia, la corrupción y finalmente la muerte espiritual y material.

Es verdad que en la vida hay que actuar, y ¡cuánto lo hizo Frei Montalva en su tiempo! y ¡cuánto lo han hecho todos quienes asumieron desde la Concertación el gobierno del país todos estos años!. Pero al mismo tiempo, es clave no dejar de soñar. Es en los desafíos de un tiempo nuevo y complejo en el que se forjan las ideas y los afectos que posibilitan la acción eficaz. Como cuando en una familia, hay un dolor, falta el trabajo o se sufre por un hijo, surge también la unidad y el fortalecimiento del amor verdadero. El legado de don Eduardo, su modo cordial y firme de afrontar los problemas de la gente, ha alimentado a muchos por más de 50 años. Ha dado mucho fruto. Sus raíces humanistas y cristianas, progresistas dicen hoy, están allí, intactas. Volvamos a ellas a reconocer la necesidad de nuevos frutos para el tiempo presente. Se requiere valentía y coraje, así como mucha perseverancia. Es el signo del tiempo presente que tenemos que recorrer para volver a dar frutos abundantes para el Chile del Bicentenario del cuál nos corresponde ser protagonistas. 

Esta elección presidencial, junto al senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle y con él sumando a las corrientes progresistas del país, representa una buena ocasión, para renovar el compromiso personal de cada uno y cada una con la política y el servicio público.  Pensando en lo que decía a los jóvenes que convocó a su gobierno, podemos decir con convicción: Renovemos con alegría nuestra confianza, sin desfallecer; estamos hablando de valores y visiones profundas que marcan la identidad del pueblo chileno. No se trata sólo de filosofía, vayan, fórmense, estudien, busquen en comunidad, dominen las nuevas tecnologías, y pongan todo lo que son al servicio del otro. En su barrio, en su familia, con sus amigos, en esta nueva sociedad civil que hoy comienza a emerger. Hay en ciernes un nuevo modelo de hacer política. Ya no desde las cúpulas, sino que desde donde cada uno está y vive su vida cotidiana. Usen las redes de Internet, tejan y tejan los afectos para que podamos sumarnos en grandes acuerdos, en una reconciliación verdadera y proyectar a nuestras nuevas generaciones hacia esa sociedad de hermanos y hermanas que don Eduardo y muchos soñamos.

RAUL TRONCOSO KEYMERSantiago, 12 de Diciembre de 2009

 

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