La vuelta de Océanos Azules

Artículo publicado por El Mostrador, 10 de Junio de 2012, Pablo Ruiz-Tagle, profesor de Derecho Constitucional, Facultad de Derecho Universidad de Chile. Director ejecutivo Corporación Océanos Azules.


Un Nuevo Pacto Social para Chile es el nombre del documento de elaboración colectiva dedicado a los jóvenes de nuestra patria, con el cual quienes integramos la organización Océanos Azules pretendemos contribuir a un debate de fondo sobre el futuro del país.

Hemos concluido que no basta con trabajar para elaborar un programa de gobierno, porque hemos visto como los problemas que tiene hoy el país se refieren a una cuestión de principios, de fundamentos, de supuestos ideológicos sobre los cuales se asienta el injusto sistema político, económico y social que existe hoy en Chile. Las cosas no suceden por arte de magia. No queremos seguir un debate superficial, seudo reformista, que elude las definiciones de los temas principales, porque resulta más rentable la ambigüedad, el escándalo fácil y la disputa mediática por el protagonismo.

Proponemos arrebatar la discusión pública de los temas importantes del control monopólico que se ha arrogado un pequeño, cerrado y oligárquico grupo. Al contrario, en Océanos Azules entendemos la política como una tarea colectiva, inspirada en el servicio público, en convicciones democráticas, motivada por una apremiante necesidad de corregir las injusticias e inequidades de nuestra sociedad. La política exige generosidad y buena fe. Es una actividad que permite la superación de los pueblos, basada en el trabajo en equipo más que en individualidades. Supone escuchar mucho más que adivinar. Requiere grandeza de espíritu y humildad.

Tenemos la convicción que nuestra primera tarea es compartir nuestros valores, ideales e ideas, y a partir de ellos queremos proponer un proyecto, una coalición y un liderazgo. En ese orden y no al revés. De lo que se trata es que los chilenos decidamos el rumbo de nuestra sociedad y no sólo quién nos gobernará por cuatro años y con qué programa. Vivimos una crisis de legitimidad de todo el sistema político, económico y social, que no sólo afecta la representación política, sino que debilita todas las instituciones. Una muestra de la gravedad de nuestra crisis es la falta de poder de las regiones y la total ausencia de espacios formales e institucionalizados de participación directa de los ciudadanos en los temas que les afectan.

Por eso, aspiramos a construir una ciudadanía política activa, participativa y democrática. Propugnamos un nuevo entendimiento y una gestión del país desde su población y territorio, no desde la burocracia del Estado en Santiago, donde residen los poderes tradicionales, las empresas controladoras de los grupos económicos, las directivas de los partidos políticos, la jerarquía de las iglesias y las salas auto referenciadas y parametradas de los medios de comunicación.

Observamos que en Chile se expresa una pluralidad de intereses y que surge una heterogeneidad de demandas sociales, que se expresan en la horizontalidad de los nuevos grupos y dirigentes, de las reivindicaciones regionales y locales, independientes y equidistantes de partidos, gobiernos y representantes parlamentarios. Hoy se está gestando y expresando con fuerza la ciudadanía sin mediaciones ni mediadores. Este proceso es saludable y bueno para Chile.

Esto se ha producido porque en el país impera la concepción de un Estado neutral o equivocadamente llamado subsidiario que se ha basado en un modelo que desincentiva la cooperación, la vida en común, la economía solidaria, la organización de los trabajadores, la participación de los vecinos y las organizaciones sociales y que estigmatiza a los jóvenes y crea las condiciones para la expansión del narcotráfico y la delincuencia. Porque en Chile existe un esquema político, social y económico que está basado en el lucro, en la competencia, en el egoísmo, en la ley del más fuerte, del más poderoso o del más rico. Este modelo económico chileno, campeón mundial de la ortodoxia neo liberal, requiere de una desigualdad abusiva para crecer a tasas importantes. Esa es la verdad.

Los que dicen repudiar a las ideologías en verdad adoran este dogma ideológico o principio superestructural, que se eleva a la categoría de fe y que no puede someterse siquiera a la crítica racional. En Océanos Azules tenemos diferencias esenciales con los defensores de este modelo injusto y dogmático, fuera y dentro de la Concertación.

Si esto no se entiende, no se justifica hablar de una alternativa progresista. Por estas y muchas otras razones vemos que la próxima elección presidencial constituye una verdadera prueba de autenticidad para las fuerzas políticas y ciudadanas del centro y de la izquierda.

El país y sus jóvenes aspiran a construir un país justo y solidario, cuyo Estado proteja a los más débiles y abra paso a la clase media en un modelo de colaboración.

Podemos alcanzar el desarrollo humano (y no sólo estadístico) en menos de 20 años o caer en la involución y en la parálisis de un sistema oligárquico, acorralado por las demandas sociales, por el populismo y por crecientes grados de conflicto que deterioren severamente la gobernabilidad.

Para debatir estas cuestiones, tendremos una nueva sesión ampliada de Océanos Azules a finales de junio, en la que esperamos reunir a quienes creen que es posible trabajar unidos para construir un Chile plural y diverso. Para que una vez más en nuestra historia la ciudadanía se ponga de pie frente a la injusticia, la desigualdad y la discriminación.

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Comentarios

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